El blockchain y los Gobiernos Digitales

Ha salido publicado el primer número de la revista digital «Alastria Legal», en el que Andrea Matador Aguilera, abogada de nuevas tecnologías y seguridad de la información en Castroalonso, ha colaborado con el siguiente artículo a cerca de blockchain:

La innovación y revolución tecnológica que ha introducido el blockchain se ha visto reflejada muy positivamente, no solo en el ámbito de las operaciones financieras (como las criptomonedas), sino también en el ámbito de la salud, las telecomunicaciones, la justicia, o también en el marco del sector público, donde los sistemas distribuidos presentan un enorme potencial para transformarlo.
En la actualidad, esta innovación y transformación de las instituciones han ocasionado grandes desafíos, como riesgos y complejidad operacionales, corrupción, ataques cibernéticos cada vez más importantes, y también el incremento de la demanda de servicios. El uso de la tecnología blockchain presenta muchas ventajas potenciales en el ámbito de la gobernanza. Permite optimizar los sistemas de registro implementados por ella, consiguiendo de esta forma debilitar aquellos aspectos que alimentan la corrupción en el ámbito gubernamental, en donde gracias a esta tecnología todo el proceso de gobierno, administración, incluso la selección del mismo se da de una forma más segura a través de la cadena de bloques. Podemos decir que los pilares fundamentales en los que se basa el uso del blockchain para las entidades gubernamentales son una mayor descentralización, transparencia e integridad de los datos, junto con un incremento de la eficiencia y reducción de los costes operativos: Los sistemas blockchain y los smart contracts pueden emplearse para automatizar tareas y procesos de trabajo, lo que reduce el tiempo y dinero gastado en procesos burocráticos.
Todo ello conlleva beneficios tanto para las administraciones como para los ciudadanos, ya que entre las principales aportaciones que podría hacer el uso de esta tecnología al desarrollo de la gestión pública se encuentra el lograr un nuevo modelo de Administración mucho más transparente, efectivo y participativo, que permita integrar e implicar al ciudadano en los procedimientos de toma de decisiones y de prestación de los servicios públicos, y que facilite la realización de interacciones seguras entre la propia Administración y el ciudadano sin la participación de intermediarios. Hay que señalar que unos cuantos años antes de la aparición del blockchain, en el 2000, los sistemas digitales ya venían siendo empleados por los gobiernos. Estonia es uno de los mayores ejemplos pues, ya en el 2002, lanzó su programa de identidad digital y fue el primer estado en celebrar unas elecciones a través de Internet. Una década más tarde, en 2014, el gobierno estonio lanzaría el e-Residency program que menciona el uso de la tecnología blockchain para la gestión y seguridad de los datos digitales.
En este sentido mientras algunas aplicaciones son todavía hipotéticas, muchos países están experimentando ya con esta tecnología como Suiza centrada en el campo de la identificación, en donde a través de cadena de bloques pueden presentar pruebas de residencia e incluso votar de forma online. El Consejo Federal Suizo parece dispuesto a implementar varias reformas para proporcionar mayor seguridad jurídica a la industria del blockchain. De ser aprobadas por el parlamento el próximo año, las propuestas harían de Suiza uno de los gobiernos más progresistas del mundo en cuanto a la adopción de la tecnología de cadena de bloques distribuida. En Gibraltar, su organismo regulador –la Comisión de Servicios Financieros de Gibraltar (GFSC)– lanzó una licencia para startups ‘fintech’ que usen blockchain como elemento base, incluso a la hora de transmitir pagos y en Finlandia, donde a través del blockchain, el Estado trabaja de la mano con sectores agrícolas. ¿Y En China?. En 2019 surgieron varios proyectos con aplicación de tecnología blockchain, especialmente en sistemas de iden tificación. Por ejemplo, un gran número de sistemas de gestión de asuntos públicos con sede en la provincia de Guangdong y el nuevo distrito de Xiongan, en la provincia de Hebei, están utilizando blockchain. Otro ejemplo, lo podemos encontrar en Londres y Ámsterdam, donde manejan cadenas de bloques para el control migratorio y en EEUU algunas agencias como Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), Ciudadanía e Inmigración y la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) ya están inmersas en proyectos de atracción de startups que ofrezcan soluciones de blockchain aplicadas a sus respectivos campos de actividad.
También son muchos los países que, en la crisis actual por el COVID-19 que estamos viviendo, están utilizando la tecnología blockchain, como herramienta para luchar contra el virus. Así a modo de ejemplo, en Italia, la cruz roja lanza recaudación de fondos a través del Bitcoin, como medida para combatir el Coronavirus. Aunque es más que evidente que el uso de esta tecnología está en marcha y es más que palpable, no es menos cierto que en lo que atañe al sector público aún hay un largo camino por recorrer. En primer lugar es primordial que se lleve a cabo una importante y robusta transformación previa, la denominada y ya conocida por tod@s transformación digital. Un objetivo de las administraciones públicas, sí, pero sobre todo y por encima de todo una prioridad como consecuencia de la velocidad de vértigo con la que la digitalización ha irrumpido en general en nuestras vidas. Tod@s somos conscientes de que la mayoría de las administraciones no han sido capaces por falta de recursos, procedimientos, formación, decisiones encontradas, etc, de adaptarse todavía a esa nueva sociedad digital de forma plena. En el ámbito de la gestión de gobierno, si bien es cierto que en los últimos años se han obtenido avances con la aplicación de nuevas tecnologías, y en concreto con el uso de las tecnologías blockchain, todavía no se ha conseguido implantar un sistema que ofrezca una total seguridad y transparencia en el desarrollo de la labor de gobernanza y de prestación de servicios públicos. El camino está diseñado, la tecnología va por delante y los gobiernos irremediablemente más pronto que tarde tendrán que unificar criterios y subirse al carro de estas nuevas tecnologías que nos pretenden crear una sociedad más eficaz y en general más cómoda y colaborativa.

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